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Diálogo clarificador: los artistas hoy - Los hay de 4 tipos
- ¿A ver, explícamelo mejor?
- Pues fácil:
a. Los que elaboran mucho el concepto en detrimento de la formalización
b. Los que formal y técnicamente están impecables, pero su base conceptual es mediocre
c. Los que realizan obras de un hermetismo impenetrable
y d. Los que lo hacen bien
- Muy bueno, muy bueno
(Señores, que el arte es para compartir)
Cómo hacer para que te acuerdes de mí cada vez que veas a alguien con un abrigo amarilloTan solo diciéndolo ;)
De creationeY vio Dios que era bueno, como comprobó el artista que los designios del azar también tenían cabida en lo que, en un principio, estaba fijado; así que no pronunció palabra, porque no era Él, sino uno más. Todo ocurrió a su debido tiempo, y la casualidad tampoco fue impuntual. Sin embargo, el reloj marcaba una hora posterior a la acordada. Dirigiéndose presurosamente hacia el lugar, sus ojos obturaban incesantemente, haciendo un análisis de superficie del entorno a la vez que miraban de pasada al frente y a los lados para no distraer el rumbo. Él aceleraba más sus pasos para acortar el momento del revelado en forma de recuerdos de aquellas instantáneas aleatorias sobre su pequeña libreta, amiga, enemiga y confidente, que aquella tarde había decidido quedarse en casa. Una inevitable regañina lo aguardaba al alcanzar su destino, por lo que, para cuando llegó de vuelta a su habitación y hojeó en su cuaderno hasta una superficie virgen que colonizar con sus pensamientos, cayó en la cuenta de que toda la información recogida anteriormente había quedado desordenada por el sobresalto. Hizo lo que pudo para recomponer todos los datos; comenzó por bosquejar aquello que recordaba con mayor claridad, pero, a medida que su lápiz trazaba nuevas rutas en aquel mapa blanco de hojas anilladas, menos se parecía lo que desde el principio del esbozo fue ficción a la realidad. En cualquier caso, él siempre había tenido una curiosa forma de ver todo cuanto se encontraba a su alrededor, por lo que probablemente estemos tratando de realidades diferentes. No obstante, prosiguió delineando, a la vez que añadía insertos escritos en los que matizaba los dictados de su cerebro. De súbito, una chispa surgió de su mente y la hoja comenzó a arder. Con enorme rapidez, quemó páginas y páginas a ráfagas de grafito para evitar que la llama se consumiese, dejando oscuras la habitación, la libreta y el recuerdo. Cuando esto finalmente sucedió, se tumbó en la cama, acostando su herramienta sobre la almohada, donde cerró los ojos para reposar, pero continuó trabajando sin darse cuenta. Cuando se hizo la luz en el exterior, en su cubículo no había constancia de ello. Las persianas bajadas convertían la habitación en un espacio estanco, y de no haber sido por aquel perro vagabundo que ladraba a la puerta de la única persona que le proporcionaba comida, él hubiera continuado visionando sin interrupción las imágenes que su cerebro le brindaba, archivos de la tarde anterior, grafito sobre papel. Se incorporó, agarró de nuevo su libreta y comenzó a transcribir a texto lo que el día anterior había quedado plasmado en imágenes. Mientras, se decía a sí mismo que no pisaría la calle en toda la jornada. Para no tentarse, no subió la persiana más de lo suficiente. No quería añadir más información a la recogida la víspera.
···
Sólo necesitaba unos cuantos materiales y comenzaría a trabajar. Sabía perfectamente dónde encontrarlos: su armario, su viejo armario, contenía toda suerte de objetos hallados, ready mades sin firma que durante años fue recogiendo en sus derivas en pos del asombro que provocaba a sus ojos el encuentro con lo cotidiano. Sin embargo, en su mente y en su cuaderno, todo estaba por completo medido. Jamás comprendió que algo tan arbitrario e inasible como la inspiración perdía su razón de ser cuando se la sometía al pensamiento. Su frescura, la capacidad de sorpresa, ganaba en rigidez cuando perdía la espontaneidad y hacía tediosa su naturaleza libre y floreciente. Aún así, permitió que una gota de café tiñese y desdibujase parte del apunte en su cuaderno, cambiando por completo su apariencia y sentido. Aceptó el color, pero no aceptó el error. Consintió que la casualidad se manifestase interviniendo en el desarrollo temporal de su trabajo, pero se atribuyó el mérito sin decir siquiera “¡caiga aquí esta gota!”. Y, haciendo caso a ninguna orden, la gota se deslizó hasta absorberse y mezclarse con el papel. Entonces él vio que era bueno, como sonrió el pícaro Dios por haber logrado en un líquido instante añadir su impronta en lo que el artista llevaba días trabajando. Satisfechos ambos, ese domingo, descansaron.
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