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日志


Olympia - Edouard Manet

 
Olympia, 1863
Óleo sobre lienzo
 
Oda a una prostituta (ahora que están de moda las "Princesas"), aristocracia fingida, mujer fatal pretendida, pozo de los deseos de la bohemia (y no) parisina, tiempos de cambio.
 
¿Por qué me desafías con la mirada, si no busco nada, mientras otros requieren tu atención con joyas y flores? ¿Por qué me atraes con tu descaro, tu desvergüenza escandalosa, tu cuerpo humano codiciado por las Venus anteriores, tu nombre de triunfo?
 
Olympia, cual gato negro a los pies de tu cama, hoy quisiera estar contigo en el "Salón de los Rechazados", al igual que tu creador así querría estar con Emile Zola.
 
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La polémica estaba servida, y él lo sabía. Desafiaría a la crítica. Propinaría un golpe más a la Academia, que poco a poco iba perdiendo fuerza en la entonces meca del arte, París. Progresivamente se iba forjando la pintura moderna a través de caminos antes inimaginables, y Manet contribuyó especialmente a ello.
 
Primeramente seguidor del realismo de Gustave Courbet, pronto se alejaría de esta tendencia para elaborar un estilo y una temática propios, si bien la influencia de Courbet estaría siempre muy presente.
 
Totalmente contrario al desnudo clásico, Manet recrea en sus obras escenarios de una planitud buscada, influida también por la importancia que la estampa japonesa estaba teniendo en aquel momento. Es por esto que recorta nítidamente el perfil de la muchacha que mira fijamente desde su puesto de trabajo.
 
La ausencia de perspectiva ayuda a diferenciar a Olympia del retrato clásico renacentista, en tanto que la casi total ausencia del fondo, reforzada por los colores oscuros y planos del mismo acercan a la pintura a la lógica de los carteles de propaganda (el espectador se fija en lo que el autor quiere que sea visto).
 
Se trata, pues, de un guiño irónico y crítico a la pintura de Tiziano "Venus de Urbino", también tumbada sobre una cama, pero con la mirada hacia abajo y una clara expresión de pudor que contrasta agresivamente con la dervergüenza de la retratada de Manet.
 
Al contrario que en la obra de Tiziano, Olympia es una mujer de la calle, real, nada idealizada y pura, y es lógico el consecuente escándalo que suscitó cuando fue mostrada.
 
Hoy día se trata de un cuadro de una misteriosa y singular belleza, pero en el París de finales del s.XIX, tal homenaje a una prostituta, con todos sus atributos y en un entorno tan familiar para ella como un burdel no era cosa corriente, y eso fue algo que la crítica no pasó por alto, a pesar de que la historia sí lo hiciera, por suerte.
 
Y ahora, tú.

¿Y esto? A ver si ahora tú... (actualizado otra vez)


La Gioconda, 1503-1506
Óleo sobre lienzo


Habrá que saber algo más que Dan Brown para comprender la importancia de este famoso cuadro... ¿tú qué opinas? ¿Resolveremos entre todos "el enigma"?

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En efecto, se ha dicho y escrito tanto sobre esta obra... pero lejos del mito, el cuadro no pierde importancia.

Realmente sus reducidas dimensiones restan atractivo a esta misteriosa... ¿mujer? que nos observa impasible desde su balcón, ignorando el fantástico paisaje que tiene a sus espaldas.

¿Por qué buscar tres pies al gato? Las hipótesis han reportado más fama a la Gioconda que su propia resolución pictórica, sobre todo teniendo en cuenta que Leonardo jamás entregó la obra terminada a su cliente y estuvo toda su vida trabajando en ella, llevándola consigo adonde quiera que fuese. Todo esto da que pensar, ¿verdad? Pero si cuatro siglos no han servido para responder a todas las preguntas, bien fundadas o no, acerca de esta singular pintura, por algo será.

Apartando la ambigüedad del propio personaje representado (¿la mujer de Francesco del Giocondo? ¿Un efebo adolescente? ¿Un personaje del imaginario leonardino de facciones andróginas? ¿O una mujer de inquietante sensualidad que parece decir algo a pesar de que no mueve los labios?), este cuadro representa la gran ruptura con respecto al retrato renacentista, consistente en sus inicios en un fondo plano sobre el que se hallaba de perfil, completamente hierática, la figura del retratado, con rasgos de planitud propios de la pintura gótica. Posteriormente fueron añadiéndose elementos distintivos de la clase social del retratado, así como un paisaje ideal de fondo, para añadir más ilusionismo a la obra y que el cuadro reforzase así su condición de ventana al exterior. Además, el personaje comenzaba ahora a representarse en posición de tres cuartos.

La ruptura vendría cuando Leonardo regaló como presente de bodas el retrato de Ginevra de Benci a dicha familia. En él había aplicado la técnica del sfumato, desarrollada por él mismo, que difuminaba los contornos y hacía más verídica la existencia de volúmenes. Por otra parte, el paisaje de fondo era mucho más elaborado y rico, y ello supuso una enorme innovación en el género retratístico.

Finalmente, la concepción de la Gioconda (según Vasari, Monalisa) significó el culmen del retrato renacentista al mostrar perfeccionadas con gran maestría las técnicas anteriormente descritas, sobre todo en lo que respecta al sfumato y a la profundidad del paisaje de fondo, completamente enigmático, al igual que la misteriosa figura que posa dándole la espalda. Es ésta de una belleza singular, la buscada por Leonardo y todos los artistas del Renacimiento con el resurgimiento de los cánones clásicos.

En el caso de Da Vinci, la retratada puede ser la mujer ideal a la que recurrió en numerosas obras, como en Santa Ana, la Virgen y el Niño con San Juanito, debido a la pronta pérdida de su madre biológica.

Sea como fuere, este singular retrato siempre quedará rodeado por un aura de incertidumbre acrecentada por las especulaciones que el propio artista dejó que se formaran en torno a él a raíz de su comportamiento excéntrico, pero genial.


Datos de la "vida" de este famoso cuadro:

  • Fue adquirido en 1517 por el rey Francisco I de Francia, en cuya corte pasó Leonardo los tres últimos años de su vida.
  • El monarca pagó por el la respetable suma de 492 onzas de oro y lo utilizó para decorar su cuarto de baño de Fontainebleu.
  • El cuadro permaneció en las colecciones reales francesas, pasó por Versalles y las Tullerías,
  • Bonaparte lo llevó a París.
  • Entra a formar parte de la colección del Louvre en 1793
  • Hasta que llegó la noticia que lo hizo famoso en el mundo entero: en 1911 el cuadro, La Gioconda, desapareció, fue robado.
  • El 21 de agosto de 1911, Vicenzo Peruggia, un ultranacionalista italiano, decidió que La Gioconda de Leonardo Da Vinci, debía retornar a su país de origen. Para ello, la robó del Louvre de París, escondiendo el cuadro debajo de sus amplias ropas. Su paradero fue desconocido hasta que, dos años después, un anticuario florentino recibiera una carta ofreciéndole el cuadro. Hubo todo tipo de cábalas e investigaciones –incluso se creyó que había sido destruido por alguien vinculado a las nuevas vanguardias- hasta que apareció dos años más tarde en Italia, La Gioconda retornó a Louvre tras haber pasado dos años debajo de una cama en una fonda de Peruggia . El autor del hurto fue arrestado.
  • En 1913 La Gioconda vuelve al Louvre.


Cuatro imágenes, una misma historia:

Retrato de Ginevra de Benci, Leonardo Da Vinci (1474-76)
Retrato de Battista Sforza y Federico de Montefeltro (fragmento: Battista Sforza), Piero della Francesca (1472)
Dos imágenes actuales de La Gioconda en el Museo del Louvre, París

Ahora yo

Resulta curiosa a la vez que previsible la disparidad de opiniones generadas en tan solo dos entradas alusivas al arte de principios del siglo XX. Si bien ambas reacciones han sido comunes a una, por así decirlo, mayoría, se podría reforzar la premisa de la que partimos, es decir, que el arte actual está carente de todo sentido y belleza formal en relación a las obras clásicas de etapas anteriores, como idea general imperante (esto podremos verlo en la entrada dedicada al comentario de "La Gioconda", de Leonardo Da Vinci). Pero nada más lejos de la realidad.



Hay que aprender a enfrentarse al arte desde una posición alejada de la ignorancia, muchas veces pretendida, y del gusto por lo clásico en el sentido de "comprensible a la primera", lo cual no hace nada más que reforzar la idea de que "todo tiempo pasado fue mejor".

Un breve repaso histórico nos situaría a finales del siglo XIX, cuando las técnicas fotográficas comenzaban a fraguar entre las vidas de aquellos para los que hacía tan solo un tiempo que la representación más real de lo externo estaba representada en un lienzo.



Sí, la fotografía ofrecía un enorme abanico de posibilidades en todos los sentidos, y la pintura supo desprenderse del rigor informativo de que se la había dotado para sumergirse en una búsqueda de nuevas posibilidades, ofreciendo nuevas formas de expresión. Ya no merecía la pena invertir el tiempo en enormes lienzos representativos de un paisaje o retratos de clases sociales cuando en un momento podían ser captados por una cámara oscura. Así pues, la pintura se había liberado de sus ataduras, y a la par que otros acontecimientos sociopolíticos y descubrimientos científicos, se veía liberada de las cadenas de la institución y luchaba por su propia identidad.

Las vanguardias se ocuparon de todo esto, y pronto florecieron numerosos focos en toda la geografía europea: manifiestos, tendencias y fundamentos teóricos que aportaron al arte en poco tiempo lo que jamás anteriormente se había conseguido. Y la escultura y el resto de las modalidades académicas no tardaron en seguir estos pasos agigantados hacia el progreso: se descubrieron nuevos materiales, se acuñaron nuevos conceptos y materias artísticas, y, mientras tanto, la Academia intentaba en vano luchar contra ello.



Hoy en día, muchas de las vanguardias artísticas, incluidas la literatura, la filosofía y el teatro, son vistas con ojos amables y gestos de aceptación, pero el contexto no es el mismo, y ahí radica la gran diferencia:

Ya acostumbrados al arte del pasado, pocas veces se nos ocurre reparar en qué circunstancias se dieron esas obras y por qué son hoy tan conocidas y valoradas. El porqué no lo encontraremos en otro sitio que en su propia realidad histórica, momento en el cual esas creaciones suscitaron agitación y escándalo por cómo y qué representaban, y todo ello no está tan distante de lo que sucede ahora.

Cuando Leonardo Pintó La Última Cena se saltó muchísimas normas de representación relativas a las pinturas de esa temática, y asimismo formalmente, al incluir la recientemente descubierta perspectiva científica, que nada tenía que ver con las anteriores manifestaciones del arte medieval cristiano: el románico y el gótico. Pero eso hoy lo tenemos tan asimilado que lo vemos como normal.
Cuando Malevich pintó un cuadrado negro sobre un fondo blanco, la polémica no fue menor, pero el descubrimiento no pudo ser más grande. Pensad por un momento en un lienzo como aquél colgado de la pared de una galería en el año 1915. Un hombre que se adelantó a su tiempo no merece tal desprecio en la actualidad, como Leonardo cuando proyectó sus aeroplanos y lo tacharon de utópico.
Sin embargo, Kandinsky no ha suscitado tanto rechazo, a pesar de ser uno de los padres de la abstracción y uno de los grandes teóricos del color. La unión entre arte y música no podía tener otro nombre en la historia, y el mero hecho de componer en el plano obras de tal viveza y cromatismo ya le ayudan a la hora de presidir las listas del buen gusto de hoy, pero antes de fijarnos en ese baremo hay que tener en cuenta que fue otro de los pocos que consiguieron adelantarse a su tiempo y situarse a la cabeza de la vanguardia, como cualquier otro artista actual que haya logrado hacerse un hueco ahí a día de hoy.



Por esto, y ya para no extenderme mucho más, lo importante a tener en cuenta a la hora de valorar una obra de arte no es tanto lo anecdótico, sino lo que aportó a la sociedad del momento que le corresponda, primero teóricamente y después todo lo demás, hasta llegar a ese pequeño rincón en nuestros corazones que nos dice que, a pesar de todo, el arte sigue siendo una medicina para el alma.




Imágenes:

Jeff Koons, Perro globo, 2003
Marcel Duchamp, Fuente, 1917
Max Ernst, Un poco enfermo, el caballo peludo, la flor rubia que atormenta a los tórtolos, 1920
Vista de una exposición de arte contemporáneo

Cuadrado negro sobre fondo blanco - Kasimir Malevich



Negro sobre blanco, 1915
Óleo sobre lienzo

El suprematismo fue una corriente creada por Kasimir Malevich en torno a 1920, cuyo nombre acuñó para autodesignar su obra, representativa de la "supremacía del sentimiento puro en el arte", es decir, se propuso dar un nuevo giro al arte moderno, cuya característica principal sería la no objetividad, la pérdida del referente figurativo y de su funcionalidad (un arte libre del control de la Iglesia o la política).

Para ello, buscó y recopiló "formas puras", imposibles de hallar en la naturaleza y de una simpleza tal que no evocasen ninguna imagen del mundo real para lograr así la "pura sensibilidad plástica".

Él mismo catalogó su obra, dividiéndola en tres períodos: el negro, el de color y el blanco.

Del primer período data la obra que hoy nos ocupa: Negro sobre blanco, que se convertiría en su símbolo distintivo, escogiéndola incluso para ocupar el lugar central de su tumba. En esta etapa, las composiciones son estáticas, repitiendo formas geométricas negras, puras y exentas sobre fondo blanco.

No contento con esto, evolucionó a los dos períodos posteriores, en los que incluyó el color y el dinamismo, hasta culminar, en la etapa blanca, con Blanco sobre blanco, de 1918.

Tras esto, el arte se veía en un callejón sin salida, sin posibilidad de continuación. Las formas supremas se agotaban, y Malevich cayó en la cuenta de que el paso siguiente era la negación del arte, su muerte. Pretendía que nada pudiese interpretarse emocionalmente, un arte al servicio de sí mismo, pero reparó en este punto de no-retorno... y dedicó el resto de su vida a revisar toda su obra, realizando a partir de entonces una pintura figurativa de realismo social.

El suprematismo, en apenas tres años, había visto la luz y muerto fugazmente, y a ello contribuyó especialmente el desprecio de Stalin a toda la pintura de vanguardia para regresar al realismo socialista.


Ahora tú...

Squares With Concentric Rings - Wassily Kandinsky


Cuadrados con anillos concéntricos, 1913
Acuarela


Miradlos, cómo giran sobre sí mismos en un carnaval de formas y colores, hipnotizantes, estáticos, irrepetibles. Vibrantes ojos que devuelven el gesto, que apaciguan, que inquietan, que se mueven sin movimiento.

Ninguno es igual "a la vista de los sentidos", pero ninguno es diferente en el corazón de su esencia.

Doce círculos inscritos en una lámina de acuarela.



Wassily Kandinsky representa un puente entre las dos etapas por las que atravesó la Bauhaus, la escuela de arte creada por Walter Gropius en 1919.


Este artista ruso, procedente de las filas del expresionismo, evolucionó con el tiempo hacia una abstracción más radical, recogiendo influencias del constructivismo y del suprematismo (Próximamente: "Cuadrado negro sobre fondo blanco", de Kasimir Malevich).

Su obsesión era el color, y su labor como pedagogo del seminario de color en la Bauhaus la basó en un estudio sobre las composiciones y combinaciones entre los colores y las formas
básicas.

Squares With Concentric Rings es uno de los múltimples ejemplos que se pueden encontrar dentro de las posibilidades que estudió Kandinsky en su teoría del color: cuadrados y anillos que bien podrían contener a un "Homo Quadratus" leonardino en un mosaico de apariencia warholiana en la que un mismo motivo se repite con matices variados.


Ahora tú:

  • Como era el fin de esta sección, ahora te corresponde a ti la tarea de continuar aportando datos de interés (con que a ti te interese, basta) para completar el comentario de la obra. Te doy algunas pistas: ¿qué te sugiere? ¿Te habías planteado esta obra como un ejercicio de clase antes que como un trabajo terminado cuyo destino es un museo? ¿Qué puedes decir ahora que sabes algo más, si es que no conocías más que la imagen? Añade las preguntas y respuestas que creas oportunas para enriquecer la sección cuanto quieras. Yo ayudaré en la medida de mis posibilidades.
  • Intenta observar la obra descompuesta en fragmentos. ¿Cómo cambia tu percepción al perderse la entidad primera? Desgranadas las piezas, como un puzzle, ¿ganan interés o lo pierden?
  • Fíjate también en los puntos en que confluyen cuatro cuadrados: diferentes colores, diferentes sensaciones... una cometa para hacer volar. Una obra totalmente diferente si se aisla del conjunto...
  • ¿Conoces algún ejercicio más del seminario de color de Kandinsky? ¿Y de la Bauhaus?

Espero vuestras respuestas. Entre todas, pretendo hacer una nueva entrada para ver los resultados. Espero que la propuesta os haya parecido interesante. Estoy abierto a todo tipo de sugerencias para mejorarla y hacerla lo más amena posible. Podéis continuar proponiendo obras para comentar. Da igual la época o el artista, el único requisito es que os interese a vosotros.



"Así, el espíritu del artista individual se refleja en la forma. La forma lleva el sello de la personalidad".
(Wassily Kandinsky, 1866-1944)



Desgranado:

Ahora tú

Semanas de silencio no provocan sino pensamientos de todo tipo, unos imposibles, otros menos.

Y a la vez que la responsabilidad aumenta por la causa que sea, todavía lo estoy razonando, uno ya no sabe qué decir ni, en ocasiones, qué hacer siquiera.

Últimamente he tenido la oportunidad de visitar algunos blogs con auténticas obras de arte, y eso provoca que piense más todavía. Creedme, en esta época, pensar ES MALO.

Y ya no sé muy bien por qué, si por esas ideas que salen de la nada como un relámpago y encienden la bombilla después de tachar las quinientas propuestas de trabajo que te habías marcado, o bien por la simple condición de animal con instintos que hace que un estímulo banal en apariencia despierte ese sueño de la razón monstruosamente dormido en una fase tan comprometida como esta, repito, no lo sé, pero al final algo se te ocurre, imagino que debe de ser algo así como un flechazo de cupido, para que los que lo han tenido me entiendan (y me expliquen, si consideran oportuno).

El caso es que, por lo que parece, el mundo del arte para la gente sencillamente aficionada es algo simplemente desconocido y carente de significado, azaroso y, en algunas ocasiones, "feo", y por eso se muestra indiferente ante lo incomprensible de su naturaleza, lo cual es completamente razonable.

Por esta sencilla razón, quisiera desde aquí proponer el motivo por el que he escrito esta entrada: analizar entre todos una obra de arte, famosa o no, clásica o no, elegida previamente, por supuesto, por vosotros en los comentarios, de tal modo que aprendamos los unos de los otros e intercambiemos conocimientos.

Y, sin más preámbulos, empezamos por aquí, ¿qué os parece? ¡Espero vuestras sugerencias!

¡Saludos mentolados!

¡Ah! Y una recomendación: un fantástico blog que puede ayudar enormemente a comprender todo lo que llevo diciendo hasta ahora. Me veo obligado a presentaros, con mucho gusto, a Marga.